Académico PUCV advierte sobre la posibilidad de que un gran terremoto ocurra en el sur de Chile

Un equipo internacional de geólogos liderado por el profesor Marco Cisternas de la Escuela de Ciencias del Mar descubrió que antes de la llegada de los españoles hubo cuatro grandes terremotos y tsunamis en un período de sólo 250 años. Uno de esos eventos fue similar al de 1960.

17.03.2017

El terremoto gigante de Valdivia de 1960 (magnitud 9,5) es considerado el sismo más grande conocido en la historia de la humanidad, con una ruptura de 1.000 km de largo, abarcando entre las penínsulas de Arauco y Taitao. Fue tan fuerte que hizo oscilar el eje de la Tierra. Sin embargo, no es ni será el único de estas características.

El académico de la Escuela de Ciencias del Mar de la PUCV, Marco Cisternas, señala que de acuerdo a la historia escrita el terremoto de 1960 fue precedido por otros tres terremotos, en 1575, 1737 y 1837. El primero, que destruyó todos los poblados de los españoles entre Concepción y Castro, es el único comparable en sus efectos al de 1960.

El segundo, en 1737, causó daños severos en Valdivia y en las cercanías de Chiloé pero aparentemente no provocó un tsunami importante. El último, en 1837, parece haber afectado principalmente la mitad sur del área de 1960, generando un tsunami que causó muertes en Hawái y destruyó arrozales y salinas en Japón.

Sin embargo, contar con esta información no es suficiente. Para entender el comportamiento de estos fenómenos geológicos se requiere de una secuencia temporal más larga que la ofrecida por la historia escrita, a escala de miles de años. Aquí es donde los científicos recurren a la paleosismología, es decir, al estudio de huellas geológicas dejadas por terremotos y tsunamis prehistóricos.

Después de siete años de trabajo en la costa occidental de Chiloé, un equipo de investigadores internacionales, liderados por Cisternas, descubrió evidencia geológica que confirma que otros cinco terremotos y tsunamis ocurrieron antes de la llegada de los españoles.

Cada uno de estos movimientos gatilló derrumbes que aplastaron plantas y que los científicos desenterraron y pudieron datar a través de la conocida técnica del radiocarbono.

Minutos después de ocurrido el derrumbe un tsunami llegó a la costa y sepultó parcialmente la flora con arena marina. De esta forma la secuencia luce como una torta de mil hojas, con un suelo tapado por una capa de material del derrumbe y sobre ella una capa de arena marina, cubierta a su vez por un nuevo suelo que se desarrolló posteriormente. Este proceso se repitió en ocho ocasiones durante los últimos mil años. La capa superior de la “torta” está conformada por el derrumbe y tsunami generados por el evento de 1960.

El descubrimiento fue publicado en la revista internacional “Marine Geology” con el título “Inusual evidencia geológica tanto de sacudimiento sísmico como de tsunamis muestra la variabilidad en el tamaño y recurrencia de terremotos en el área del terremoto gigante de Chile de 1960”, donde participaron investigadores de Estados Unidos, Inglaterra y Chile.

“Nuestro trabajo busca evidencias geológicas de grandes terremotos y tsunamis. Estos terremotos dejan claras huellas en la costa. Un antiguo problema que hemos solucionado con esta investigación es que antes sólo habíamos podido detectar las huellas de eventos gigantes, como el de 1960, pero ahora pudimos reconocer los registros de sismos, que aunque no gigantes, siguen siendo grandes. Me refiero a terremotos y tsunamis como los del 27F en 2010 (Magnitud 8.8). Viendo los efectos que tuvo este último terremoto en Chile, sabemos que es importante también estudiarlos y no solo concentrarnos en los gigantes (magnitudes superiores a 9). Ahora tenemos la técnica, así es que podemos tener una imagen más clara de su comportamiento temporal”,  precisó el científico.

LA NUEVA TECNICA

Buscando evidencia geológica en la costa occidental de Chiloé, que enfrenta directamente al Pacífico, los investigadores encontraron a los pies de un antiguo acantilado un afloramiento costero que contenía una secuencia de capas, conformadas por suelos enterrados, materiales de derrumbe y arenas marinas.

Después de años de análisis, los investigadores finalmente resolvieron el significado de estas capas. Se trataba de un registro continuo, al igual que un código de barras con todos los terremotos y tsunamis que habían afectado a la costa de Chiloé entre el año 800 y 1960.

“Reconstruimos una cronología de los terremotos y tsunamis que afectaron a la zona centro-sur de Chile durante los últimos mil años. Debido a que no existen registros escritos antes de la llegada de los españoles, esta información es muy importante pues nos ayuda a entender el comportamiento de largo plazo que tienen estos fenómenos. Por ejemplo, descubrimos que entre el año 800 y el primer terremoto registrado por los españoles (1575) ocurrieron cuatro terremotos y tsunamis en un periodo de 250 años, es decir con una recurrencia promedio de sólo 85 años”, señaló Cisternas.

Este descubrimiento preocupa a los científicos. Tanto en Sumatra como en Japón se ha constatado a través de la geología -lamentablemente después de las catástrofes de 2004 y 2011- que habían ocurrido terremotos similares siglos antes; sin embargo, pocos se preocuparon de entender lo que la naturaleza tenía para aportar. De este modo, ambas sociedades fueron catastróficamente tomadas por sorpresa.

“En el caso del centro-sur de Chile la nueva evidencia geológica nos muestra tanto que algunas décadas antes como después del evento gigante en el año 1300, similar al de 1960, ocurrieron otros terremotos y tsunamis, quizás no tan grandes como el del 1300 pero si similares al 27F. Esto nos preocupa por tres razones, primero porque en general se piensa que es difícil que ocurra un terremoto allí tan pronto después de un evento grande como el de 1960. Segundo, ya han transcurrido 57 años desde 1960 y en tercer lugar, los GPSs que muestran el movimiento de las placas tectónicas, indican que ya hay suficiente tensión acumulada en algunos segmentos del centro-sur de Chile como para generar terremotos con magnitud 8. Quizás el reciente terremoto de Quellón (M 7.6) es un llamado de atención, advirtiendo que los hechos podrían desencadenarse más pronto de lo que pensábamos”, concluye el académico.

Por Juan Paulo Roldán

Dirección General de Vinculación con el Medio